En la carretera, ¡responsabilidad! y para ello es fundamental conocer los riesgos de una conducción temeraria.
Los accidentes de tráfico son la primera causa de traumatismo craneoencefálico (TCE), y en muchos de ellos está presente el consumo de alcohol y otras sustancias adictivas.
El daño cerebral traumático engloba todas aquellas lesiones físicas producidas en la cara, el cuero cabelludo, el cráneo, cerebro o duramadre, a causa de una una energía mecánica externa. Aunque éste afecta a todas las edades, en los países industrializados es el principal problema sociosanitario y la principal causa de discapacidad en población joven. Tal y como recoge la Encuesta de Discapacidad Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia (EDAD) (INE, 2008) en España residen 420.064 personas con daño cerebral, correspondiéndole el 78% a casos de accidentes cerebrovasculares (ictus) y el 22% restante a traumatismos craneoencefálicos (TCE) y otras causas (como anoxias, tumores o infecciones).

La Federación Española de Daño Cerebral (FEDACE) estima que cada año aparecen 104.071 casos nuevos de daño cerebral adquirido, de los cuales en torno a 5.000 tienen como causa el traumatismo craneoencefálico. Los TCE provocan lesiones muy heterogéneas y de carácter difuso, lo que se traduce en que, en líneas generales, pueden aparecer alteraciones cognitivas en prácticamente todas las funciones cognitivas superiores. Si bien estas pueden presentar diferentes niveles de gravedad (leve, moderado, severo), suelen ser habituales:
- Alteraciones motoras y del movimiento. Son características la espasticidad (movimiento limitado de las extremidades, tronco y cabeza), temblores, movimientos rítmicos incontrolables en diferentes partes del cuerpo y ataxia (dificultad en la coordinación motora).
- Alteraciones sensoriales. Son altamente frecuentes las visuales, en concreto la diplopía (ver doble), y la visión borrosa.
- Alteraciones atencionales. Dificultades para mantener la atención largos periodos de tiempo (atención sostenida), dificultades para concentrarse, dificultades para cambiar el foco atencional entre tareas (atención alternante) y lentitud para procesar información.
- Alteraciones de la memoria. Es la principal queja y la alteración cognitiva más frecuente, estando especialmente afectadas la memoria anterógrada (incapacidad para crear nuevos aprendizajes y recuerdos) y la memoria prospectiva (incapacidad para recordar planes, acciones o citas futuras, afectando notablemente a su funcionamiento cotidiano).
- Alteraciones del lenguaje. Un 15% de las personas que sufren TCE presentan síndromes como afasias (pérdida total o parcial de la capacidad lingüística ya sea comprensión oral, expresión oral, lectura y/o escritura) o disartrias (dificultades para pronunciar debido a un trastorno articulatorio en los músculos de habla).
Las alteraciones más frecuentes en la expresión oral son anomia (dificultad para nombrar objetos), fluidez verbal reducida, circunloquios (dificultades para expresar una palabra o frase concreta, llevando a la persona a dar rodeos explicativos), parafasias semánticas (sustituir una palabra por otra relacionada semánticamente) y perseveraciones (repetición no intencionada de una palabra).
Respecto a la comprensión, aunque son menos frecuentes, puede aparecer sordera verbal pura (dificultades en la discriminación aditiva), así como dificultades en la lectura y la escritura. No obstante, uno de los principales problemas de comunicación tras un TCE es la prosodia (dificultades en la entonación, velocidad, ritmo, tono afectivo de la expresión…) y la pragmática (dificultades para adaptar la comunicación a cada persona y contexto).
- Alteraciones en las funciones ejecutivas. Son fundamentales para tener una conducta socialmente aceptada, eficaz, resolutiva y creativa. Se encuentran habitualmente afectadas la capacidad de planificar, solucionar problemas, tomar decisiones, iniciar, inhibir y controlar conductas, la flexibilidad cognitiva (dificultades en la adaptación a los cambios e imprevistos), la memoria de trabajo (un almacén limitado fundamental para la adquisición de nuevos aprendizajes y el correcto funcionamiento cognitivo).
- Alteraciones emocionales y conductuales. Entre un 40-60% de personas con TCE presentan alguna de estas alteraciones, lo que supone un problema a la hora de reincorporarse a la vida laboral y social. Es frecuente que se presente inestabilidad emocional, apatía, infantilismo, agresividad física y verbal, irritabilidad, ideación suicida, euforia, depresión, ansiedad o trastorno orgánico de la personalidad.
Los profesionales del Centro de Psicología y Neuropsicología La Garena pueden ayudarte en este y otros problemas. No dudes en preguntarnos. Pero sobre todo, reduce riesgos, está en tu mano tener una conducción responsable y segura.



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